Esta soy yo
Llevo 13 años hospedando a viajeros/as gracias a plataformas como Airbnb y también a través del intercambio de casas (Homeexchange). En los últimos tiempos, me he centrado en pueblos y entornos rurales, que es lo que más me gusta. Aunque haya sido siempre algo complementario a mi trabajo principal, me lo tomo muy en serio y de hecho tengo la categoría de Superanfitriona en Airbnb.
Por el camino descubrí algo que no esperaba: me chifla devolver la vida a las casas.
Aunque no soy decoradora ni interiorista, me apasiona crear hogar.
No intento convertir las casas de pueblo en algo que no son.
No quiero borrar su historia para hacerlas parecer nuevas. Al contrario: intento descubrir qué las hace especiales, conservarlo y ponerlo en valor. Actualizarlas lo suficiente para que vuelvan a ser más cómodas y muy apetecibles, pero permitiendo que sigan siendo ellas.
Después ocurre algo que todavía me gusta más: llega gente y descubre esas casas.
Mi huésped favorito, de hecho, no es exactamente quien viene a pasar un fin de semana. Me encanta recibir a personas que se quedan varias semanas o varios meses y empiezan, poco a poco, a formar parte de la vida del lugar.
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Gracias a una casa bonita
En más de una ocasión he visto cómo una de mis casas se convertía en un puente hacia una nueva vida en el pueblo: personas que llegaron como huéspedes y terminaron buscando su propia casa y quedándose a vivir allí.
Eso le ha dado a lo que hago una dimensión que me fascina.
Porque soy una enamorada de los pueblos. Creo que durante demasiado tiempo hemos asumido que progresar significaba marcharnos de ellos hacia las ciudades, mientras dejábamos atrás un enorme patrimonio de casas cerradas y una forma de vida que todavía tiene muchísimo que ofrecer.
Yo ya no quiero —ni puedo— seguir comprando casas para recuperarlas.
Pero tampoco necesito hacerlo.
Los pueblos están llenos de casas que ya tienen dueño y pasan buena parte del año cerradas.
Así nació este proyecto: unir a propietarios que quieren conservar sus casas pero apenas las utilizan con mi experiencia, mi inversión y mis ganas de devolverles la vida.
Tú pones una casa que ya existe.
Yo pongo la mirada, la decoración, trece años de experiencia gestionando alojamientos y todo el trabajo necesario para ponerla a funcionar.
Y entre las dos partes conseguimos algo que me parece mucho más interesante que crear otro Airbnb:
Abrimos una casa y damos a alguien la oportunidad de descubrir cómo sería vivir en un pueblo.