Cómo funciona

No tienes que vender la casa del pueblo para que deje de ser un gasto.

Puedes conservarla, disfrutarla y obtener una rentabilidad el resto del año.

Paso 1

Vemos si tu casa y yo hacemos buen equipo

¿Qué tipo de casas busco?

Casas de pueblo o casas en entornos rurales. No tienen que estar modernas ni especialmente bonitas —esa es precisamente mi parte—, pero sí tener encanto y potencial.

¿En qué estado debe estar la casa?

Debe ser esencialmente habitable. Puedo hacer muchísimo con pintura, decoración, mobiliario y pequeños arreglos, pero no busco viviendas que necesiten una rehabilitación integral.

¿Importan el tamaño y la intervención necesaria?

Sí. Antes de aceptar un proyecto valoro qué necesita la casa, cuánto costará ponerla a punto y qué capacidad tiene para generar ingresos. Una casa pequeña que necesita un lavado de cara y una casa grande que necesita camas, mobiliario o rehabilitar un baño son proyectos completamente diferentes.

¿Qué pasa después de que me enseñes tu casa?

La visito, hablamos de cómo quieres seguir utilizándola y estudio si creo que podemos hacerla funcionar. Si los números y la casa tienen sentido para ambas partes, preparo una propuesta de puesta a punto y colaboración.

PASO 2

Después, ponemos la casa a punto

¿Qué pongo yo?

Mi trabajo, mi experiencia y una inversión inicial para transformar la casa y prepararla para recibir huéspedes. Decoración, textiles, iluminación, menaje, pequeños muebles… dependerá de cada vivienda, pero en esencia, voy a darle mucho amor.

¿Qué pone la persona propietaria?

La casa y una disponibilidad suficiente para que pueda funcionar. Los gastos propios de la vivienda —IBI, tasas, suministros, seguro y mantenimiento— siguen correspondiendo a la propiedad.

¿Y si necesita pintura, muebles importantes u obras?

Lo valoramos antes de empezar. Una cosa es la puesta a punto que yo asumo y otra financiar una mejora estructural del inmueble. Pintura de gran envergadura, camas, electrodomésticos, rehabilitar un baño o cualquier obra importante se presupuestarán por separado y acordaremos cómo asumirlos o recuperarlos.

¿Vas a convertir mi casa en otra cosa?

Todo lo contrario. No quiero borrar aquello que la hace especial. Me gustan sus suelos antiguos, sus muebles recuperables, sus recovecos y alacenas y hasta algunas de sus pequeñas incomodidades. Mi trabajo consiste en hacerla más bonita y cómoda sin quitarle el alma.

Paso 3

Y entonces, la ponemos a trabajar

¿Cómo se reparten los ingresos?

Vamos al 50 %.

Tú aportas la casa y yo aporto la inversión necesaria para ponerla a punto, mi experiencia y toda la gestión posterior.

De los ingresos de cada reserva se descuentan primero los gastos directamente asociados a ella —como la comisión de la plataforma o la limpieza, que normalmente paga el propio huésped— y el ingreso neto del alojamiento lo repartimos al 50 %.

Así nuestros intereses están completamente alineados: yo gano cuando tu casa gana.

Los gastos propios de la vivienda —IBI, tasas, suministros, seguro y mantenimiento— siguen correspondiendo al propietario.

¿Además de ganar dinero, puedo seguir usando la casa?

Sí. Acordaremos desde el principio hasta 15 días de uso propio al año y cuáles son las fechas especialmente importantes para ti: agosto, Navidad, fiestas patronales… La idea es que sigas teniendo una casa familiar que, además, ahora dará gusto disfrutar.

¿Qué ocurre si llega una estancia larga que coincide con mis fechas?

Nunca aceptaré una reserva que afecte a uno de tus periodos protegidos sin consultártelo antes. Tú decides si quieres conservar esas fechas o si, ante una buena reserva de varios meses, prefieres liberarlas.

¿De qué me ocupo yo?

De poner la casa a funcionar: anuncio, presentación, reservas, precios, comunicación con huéspedes, coordinación de entradas y salidas, limpieza y gestión cotidiana. Tú no tienes que convertirte en anfitrión/a.

¿Durante cuánto tiempo trabajaremos juntos?

La colaboración tiene una duración mínima de dos años.

Yo voy a invertir tiempo, trabajo y dinero en poner tu casa a punto, así que necesito un periodo razonable para recuperar esa inversión y para que los dos podamos beneficiarnos de lo que genere.

Eso no significa que tu casa deje de ser tuya ni que quedes atado a ella. Si durante esos dos años necesitas venderla o surge alguna circunstancia que te haga querer terminar antes nuestra colaboración, podrás hacerlo.

Simplemente acordaremos desde el principio cómo compensar la inversión realizada y la finalización anticipada, teniendo en cuenta el tiempo que quede y los ingresos que razonablemente habría podido generar la casa.

Mi intención no es que te sientas atrapado. Todo lo contrario: quiero que conservar y poner a trabajar tu casa sea una decisión que te dé más opciones, no menos.

¿De quién serán los muebles y la decoración?

Muy sencillo: de quien los haya comprado.

Como parte de mi inversión inicial, normalmente seré yo quien aporte buena parte del mobiliario, textiles, lámparas, decoración y demás elementos necesarios para poner la casa a punto. Esos elementos seguirán siendo míos.

Si algún día termina nuestra colaboración, podré retirarlos y la casa seguirá siendo tuya, exactamente como siempre.

¿Te has enamorado de cómo ha quedado y prefieres conservarlo todo? Perfecto. Podrás quedarte con los elementos que yo haya aportado abonando el valor que acordemos en ese momento.

Los muebles y objetos que ya pertenecían a la casa, por supuesto, seguirán siendo tuyos.

¿Hablamos sobre tu casa del pueblo?